Episodio 8 — Soy la suciedad que adoras
Quemaron los pies de su esposa sobre brasas sagradas y se rieron en su cara, porque ¿quién teme a un mendigo en harapos? Pero el hombre arrodillado en las cenizas es el mismísimo dios del sol, y la sangre real no los salvará de lo que se avecina. Cada insulto tiene un precio, y él los recuerda todos.